¿Ya se volvió obsoleto el dinero?

Anselm Jappe

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Los medios y las instancias oficiales ya nos están preparando: muy pronto, va a desencadenarse una nueva crisis financiera mundial, y será peor que la de 2008. Se habla abiertamente de «catástrofes» y de «desastres». Pero, ¿qué pasará después?  ¿Cómo viviremos después del derrumbe a amplia escala de los bancos y las finanzas públicas? Argentina ya vivió esto en 2002. Posteriormente, pagando el precio de un empobrecimiento en masa, la economía argentina pudo recuperarse un tanto : pero, en este caso, se trataba de un solo país. Actualmente, todas las finanzas europeas y norteamericanas se encuentran a punto de hundirse juntas, sin salvador posible.

¿En qué momento el crack de las bolsas dejará de ser una noticia que descubrimos en los medios para volverse perceptible al pasear en la calle? Respuesta : cuando el dinero haya perdido su función habitual. O bien haciéndose raro (deflación), o bien circulando en cantidades enormes pero desvalorizadas (inflación). En ambos casos, la circulación de mercancías y servicios se hará más lenta, quizás hasta pararse por completo. Quienes poseen mercancías u ofrecen servicios ya no encontrarán a nadie con capacidad de pagarlos con dinero creíble, lo que les permitiría comprar a su vez otras mercancías o servicios. Por lo tanto, los conservarán para ellos mismos. Veremos tiendas llenas, pero sin clientes, fábricas en perfectas condiciones pero sin nadie para trabajar, y también escuelas donde los profesores dejarán de presentarse, después de llevar meses sin recibir sueldos. Entonces, nos daremos cuenta de una verdad tan evidente que ya no la veíamos : no existe ninguna crisis en la producción misma. La productividad en todos los sectores aumenta continuamente. Las superficies cultivables de la tierra pueden alimentar a toda la población del mundo, mientras los talleres y las fábricas producen incluso mucho más de lo que es necesario, deseable y sustentable. Las miserias del mundo no se deben, como en la Edad Media, a catástrofes naturales, sino más bien a una especie de hechizo que separa a los hombres de sus productos.

Lo que ya dejó de funcionar, es la “interfaz” que se impuso entre los hombres y lo que producen: el dinero. En la modernidad, el dinero se volvió la “mediación universal” (Marx). La crisis nos confronta con la paradoja fundadora de la sociedad capitalista: en ella, la producción de bienes y servicios no es un fin, sino sólo un medio. El único fin es la multiplicación del dinero, es invertir un euro o un dólar para conseguir dos. Y cuando este mecanismo se descompone, es toda la producción “real” que sufre y hasta puede bloquearse por completo. Así que, como el Tántalo del mito griego, nos encontramos frente a riquezas que, al momento de querer agarrarlas, se alejan: sólo, porque no podemos pagarlas. Esta renuncia forzada siempre ha sido el destino del pobre. Pero ahora, y es algo inédito, nos puede pasar a todos, o casi. La última palabra del mercado es dejarnos morir de hambre en medio de montañas de alimentos que se pudren, sin que nadie pueda tocarlas.

Quizás no lleguemos a estos extremos. Pero, incluso un derrumbe parcial del sistema financiero nos confrontaría con las consecuencias de este hecho : nos encontramos atados de pies y manos con el dinero, ya que se le encomendó la tarea exclusiva de asegurar el funcionamiento de la sociedad. Dicen que el dinero existió desde los primeros momentos de la historia. Pero, en las sociedades precapitalistas, tenía un papel meramente marginal. Sólo en las décadas más recientes hemos llegado al punto de que cada manifestación de la vida (o casi) pasa por el dinero. Ahora, este se ha infiltrado en los rincones más profundos de la existencia individual y colectiva. Sin el dinero que hace circular las cosas, somos como un cuerpo privado de sangre.

Pero el dinero sólo es “real” cuando es la expresión de un trabajo efectivamente realizado y del valor en el cual se representa este trabajo. Por lo demás, el dinero no es más que una ficción, basada exclusivamente en la confianza mutua de los actores – una confianza que puede llegar a evaporarse, tal como lo estamos viendo actualmente. Asistimos a un fenómeno que la ciencia económica no había previsto: no la crisis de una moneda y de la economía que esta representa, creando así una ventaja para otra moneda más fuerte. El euro, el dólar y el yen están todos en crisis, y los pocos países a los cuales las agencias evaluadoras todavía atribuyen un AAA, no tendrán la capacidad suficiente como para salvar a la economía mundial. Ninguna de las recetas económicas propuestas está funcionando. En ninguna parte. El mercado libre no funciona mejor que el Estado, la austeridad no sirve más que la reactivación mediante la demanda, el keynesianismo no más que el monetarismo. El problema se ubica en un nivel más profundo. Asistimos a una desvalorización del dinero en cuanto tal, a la perdida de su papel, a su obsolescencia. No por una decisión consciente por parte de una humanidad por fin cansada de lo que ya Sófocles llamaba “la más funesta de las invenciones humanas”. Sino en un proceso no controlado, caótico y extremadamente peligroso. Es algo como quitarle su silla de ruedas a alguien después de haberlo privado del uso de sus piernas durante mucho tiempo. El dinero es nuestro fetiche: un dios que nosotros mismos hemos creado, del cual creemos que dependemos y al cual estamos dispuestos a sacrificar todo con tal de aplacar su ira.

¿Qué hacer? No hacen falta los vendedores de recetas alternativas: economía social y solidaria, sistemas de intercambios locales, monedas alternativas (como monedas fundantes), ayuda mutua ciudadana… En el mejor de los casos, esto sólo podría funcionar en algunos pequeños nichos, mientras alrededor lo demás sigue funcionando. Por lo menos, hay algo seguro: no es suficiente “indignarse” frente a los “excesos” de las finanzas y la “codicia” de los banqueros. Aunque ésta existe efectivamente, no es la causa, sino la consecuencia del agotamiento de la dinámica capitalista. La sustitución del trabajo vivo – única fuente de valor que, bajo la forma-dinero, es la finalidad exclusiva de la producción capitalista – por tecnologías que no crean valor, llegó a secar casi por completo la fuente de la producción de valor. Obligado por la presión de la competencia a desarrollar nuevas tecnologías, el capitalismo ha cortado la rama sobre la cual estaba sentado. Este proceso, que desde un principio es parte de su lógica fundamental, ha rebasado en las últimas décadas un umbral crítico. La no rentabilidad del uso del capital no ha podido ser ocultada sino a través de una expansión cada vez más masiva del crédito, que es un consumo anticipado de las ganancias esperadas para el futuro. Ahora, hasta esta prolongación artificial de la vida del capital parece haber agotado todas sus posibilidades.

Por lo tanto, debemos plantearnos la necesidad – pero al mismo tiempo constatar la posibilidad, la oportunidad – de salir de un sistema basado en el valor y el trabajo abstracto, el dinero y la mercancía, el capital y el salario. Este salto hacia lo desconocido puede asustar, incluso a quienes no dejan de denunciar los crímenes de los “capitalistas”. Por el momento, prevalece la cacería de los malos especuladores. Aunque no podamos sino compartir la indignación frente a las ganancias de los bancos, hay que subrayar que dicha actitud se queda muy por debajo de una crítica del capitalismo como sistema. No es de sorprenderse si Obama y Georg Soros dicen entender esta indignación. La verdad es mucho más trágica : si los bancos caen y empiezan a darse quiebras en cadena, si dejan de distribuir dinero, estamos en peligro de hundirnos todos con ellos, pues desde hace mucho tiempo se nos ha privado de la posibilidad de vivir de una forma que no sea gastando dinero. Sería bueno volver a aprenderlo. Pero, ¡quien sabe a que “precio” esto ocurrirá!

Nadie puede decir honestamente que sabe cómo organizar la vida de decenas de millones de personas cuando el dinero habrá perdido su función. Por lo menos sería bueno admitir que ahí está el problema. Quizás, así como se perfila un después del petróleo, es tiempo de prepararnos para lo que vendrá después del dinero.
* * *

Anselm Jappe es autor de varios libros, entre los cuales Guy Debord (Barcelona, Anagrama, 1998), Les aventures de la marchandise (París, Denoël, 2003) y últimamente Crédito a muerte : la descomposición del capitalismo y sus críticos (Logroño, Pepitas de calabaza, 2011). Ha sido miembro del Grupo Krisis, al cual se debe el Manifiesto contra el trabajo (http://www.globalizacion.org/ciudadania/ManifiestoTrabajoKrisis.htm).

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¡Nosotros no estamos, ni somos “indignados”!

La explosión de rabia que se constata en todo el mundo, no parte de ciudadanos jubilosamente indignados, respetuosos del estado de derecho, que se podrían permitir el lujo de la no violencia…, sino, bien por el contrario, de proletarios hartos de explotación y opresión, llenos de bronca y odio contra las condiciones de sobrevivencia, cada vez más insoportables, que nos impone el capitalismo.

¡No estamos indignados, impactados, sorprendidos…!

Lo que hoy queda en evidencia (y ya no es ninguna novedad) son horrores inherentes al sistema capitalista. Las recetas que impone la burguesía son las de ayer, hoy y siempre contra nosotros.

¡La continuidad del sistema actual sólo puede realizarse a expensas de nuestra clase!

¿Porqué indignarse de los excesos del capitalismo y no luchar contra el capitalismo mismo? ¿Porqué indignarse del enriquecimiento de los bancos y no cuestionar su existencia misma, dado que su objetivo es enriquecerse? ¿Cómo indignarse de las dificultades de nuestra clase social, sin poner en cuestión la existencia misma de clases sociales?

Pero tampoco estamos resignados

De manera global y general la correlación de fuerzas favorece a la burguesía que detenta los medios para continuar explotándonos, reprimiéndonos y desapareciéndonos…Sin embargo frente a la flagrante e inocultable incapacidad del sistema capitalista para disminuir la catástrofe que el mismo engendra y la consecuente agravación de todos los problemas humanos las revueltas proletarias se generalizan. Contra dichas revueltas, la burguesía utiliza toda su potencia y todos sus medios para cantonarlas en meros movimientos pacifistas, ciudadanistas, legalistas, apolíticos…buscando encerrarlas en el modelo “socialmente admitido”, en la democracia. Por el contrario nuestro objetivo es superar/reventar todos esos límites establecidos en los cuales quieren encerrar nuestro movimiento.

Estamos profundamente convencidos…

de que el futuro de la humanidad no se jugará en el terreno de las indignaciones multiformes, ni de las causas humanitarias, o los combates individuales…; sino por la conjunción de fuerzas que permitan eliminar este sistema mortífero. Los proletarios están forzados a destruir el capitalismo de raíz si no quieren que este destruya todo nuestro mundo.

¡Estamos en guerra de clases!

Todo lo que se quiere imponer como “indignados” (libros, plataformas, manifiestos, contenidos…) no representa para nada el movimiento de protesta generalizada contra el capitalismo, sino que es, por el contrario, un verdadero chaleco de fuerza que el capitalismo, la democracia quiere imponer para sujetar a los proletarios e impedir el verdadero movimiento y su desarrollo hasta la destrucción del capitalismo.

rompamos con todos los límites “indignados”, ciudadanistas, democráticos…

REAFIRMEMOS LA GUERRA DE NUESTRA CLASE, PARA ELIMINAR POR COMPLETO EL SISTEMA SOCIAL BURGUÉS MUNDIAL.

proletarios internacionalistas

Extraído de Hommodolars

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“¿Quién es Toni Negri y por qué está aquí?”

Hace exactamente seis años, el eminente Profesor Negri estuvo de visita en Chile, ocasión en la que fue ovacionado y adulado por la comunidad universitaria congregada en cierta barraca de conferencias de la Universidad Arcis. El evento, pese al entusiasmo extático de la concurrencia, no estuvo libre de inconvenientes. Durante la charla, en efecto, algunos elementos que no estaban nada satisfechos con la presencia del profesor Negri, se las arreglaron para interrumpir el suministro eléctrico, haciendo que por momentos la cháchara del conferenciante fuera completamente inaudible. De vez en cuando, asimismo, salían de entre el desganado público gritos insultantes dirigidos contra el maestro, y en un momento de relativa calma uno de los descontentos tuvo la presencia de ánimo para increparle por su vacía fastuosidad pseudo-intelectual. Negri, desde luego, se hizo el hueón.


Cabe destacar que mientras ingresaban al lugar de la conferencia, los expectantes espectadores recibieron en sus manos – a modo de bienvenida – un interesante texto anónimo, impreso en una carilla, titulado “¿Quién es Toni Negri y por qué está aquí?”. Durante la charla y en los días siguientes, un número indeterminado de inútiles subversivos siguió distribuyendo por varios lugares de Santiago algunas miles de copias de ese panfleto. Seguramente todo esto habría caído irremisiblemente en el olvido si no fuera porque hoy otros académicos han decidido traer nuevamente a Chile, en un momento particularmente apropiado, al singular profesor veneciano.


A varios años de ese memorable episodio, el texto sigue ofreciendo una lectura muy amena. Pero sobre todo resulta profético: la nueva visita que Negri hará a estas convulsionadas tierras en los próximos días, conviene contemplarla a la luz de las afirmaciones hechas en los últimos párrafos del libelo que presentamos a continuación.


“¿Quién es Toni Negri y por qué está aquí?”


“En torno a los inventores de nuevos valores gira el mundo, gira de modo invisible. Sin embargo, en torno a los comediantes giran y se retuercen el pueblo y la fama; y así marcha el mundo” – Nietzche


Desde joven Toni Negri soñó con ser dirigente intelectual de la clase trabajadora. La historia le dio su oportunidad: poco después de titularse como filósofo, la lucha de clases experimentó un notable ascenso en todo el mundo. En esa época (los años 60) los proletarios confiaban bastante en su propia capacidad de lucha, así que les tenía sin cuidado que un intelectualillo pretencioso se metiera en las fábricas a decirles lo que tenían que hacer. Esa actitud despreocupada de los obreros le permitió a Toni conocer la realidad de los centros industriales de Italia, donde los trabajadores acostumbraban hacer huelgas salvajes, quemar los autos de sus jefes, apalear a los soplones y cosas así.


De esos combates, Toni sacó una conclusión banal, pero que anunció como su gran descubrimiento teórico: en los lugares de trabajo está el epicentro de las luchas contra el régimen salarial y la ganancia capitalista. Naturalmente, los explotados siempre han sabido esto; pero a Toni le gustaba retorcer las palabras para ganar notoriedad pública. Así, supo servirse del movimiento Autonomía Obrera (una corriente semi-anarquista, amorfa y heterogénea), para hacerse notar como un “intelectual comprometido”.


A mediados de los 70 la lucha de clases en Italia alcanzó altísimas temperaturas, produciendo diversos agrupamientos combativos del proletariado. Grupos como Insurrección, la sección italiana de la Internacional Situacionista y las Brigadas Rojas, trataron de estimular la lucha mediante clarificaciones teóricas y acciones de propaganda armada. Toni llevaba algunos años moviendo los hilos del grupo Poder Obrero, pero era casi desconocido en los ambientes más extremistas del proletariado italiano. Para solucionar ese problema se hizo fotografiar y entrevistar por cuanto periodista se le cruzara por delante, hasta que su nombre empezó a sonar en la prensa.


El resultado de esa fama fue bien grotesco: cuando a fines de los 70 las fuerzas represivas se abalanzaron sobre el movimiento para aniquilarlo, escogieron al pobre Toni como chivo expiatorio para darle una lección al proletariado. En una atmósfera de paranoia, delaciones, arrepentimientos y montajes, Toni Negri fue acusado de ser el ideólogo de las Brigadas Rojas y del secuestro y asesinato del líder democratacristiano Aldo Moro (atentado que las Brigadas Rojas perpetraron cuando ya estaban infiltradas y bajo el control de la policía secreta). En realidad nadie en las Brigadas Rojas conocía a Negri, y el asesinato de Moro había sido organizado por los partidos gobernantes para contener la crisis. Pero Toni el Astuto supo aprovechar la oportunidad que se le ofrecía: organizó una campaña de apoyo centrada en él mismo (cuando en Italia había miles de luchadores sociales en prisión); y se defendió a medias, dando a entender que no era un terrorista pero que tampoco era del todo inocente. Entonces se hizo famoso.


Toni pasó cuatro años a la sombra. En 1983 sus seguidores aprovecharon un resquicio legal para sacarlo de la cárcel: lo llevaron a las elecciones parlamentarias como candidato del Partido Radical, salió elegido diputado y el fuero parlamentario le permitió salir en libertad sin más trámite. Luego se exilió en Francia, donde se vinculó con la elite intelectual posmoderna. En ese ambiente escribió su primer superventas: Marx más allá de Marx, donde afirmó que El Capital, la conocida obra de Marx, había llevado al proletariado a la derrota. Esa estupidez le valió un gran reconocimiento por parte de la izquierda, que calificó su libro como “uno de los documentos más cruciales del marxismo europeo” (por esa misma época la izquierda describía a Foucault como el pensador más crítico del mundo, por haber dicho que el capitalismo jamás podrá ser abolido). En realidad a la burguesía progresista de Europa le importaba poco la calidad teórica de Negri, pero vio en él a un charlatán que podría serle de gran utilidad en su guerra ideológica contra los proletarios. Y eso fue lo que pasó.


Veamos: cuando Negri entró por primera vez en contacto con las luchas proletarias, éstas tenían un nivel de combatividad tan alto, que sólo cabía decir: “Marx tenía razón: en la fábrica está la lucha contra el trabajo asalariado y la propiedad”. Toni sólo estaba repitiendo lo que todos los teóricos marxistas siempre habían sabido: que los combates de la clase obrera en los lugares de trabajo eran y debían ser el eje de la lucha social. ¿Qué pasó entonces? La reacción lanzó una violenta campaña de terrorismo encubierto, infiltró soplones y provocadores en los medios insurgentes, metió drogas en los barrios pobres y organizó una oleada de despidos en las fábricas más conflictivas. Entonces quedó claro que el “obrerismo” de los marxistas italianos como Tronti y Panzieri -enfoque que Negri repetía como un loro- era insuficiente para explicar el carácter de la lucha y su derrota. Algunos intentaron desentenderse del fracaso aprobando el “compromiso histórico” entre estalinistas y demócratacristianos. Otros siguieron viviendo y luchando oscuramente entre los explotados, pues comprendieron que las explicaciones tendrían que surgir del propio movimiento obrero, obligado a asimilar el desastre para retomar la ofensiva. ¿Qué hizo Negri, además de aprovechar la derrota para convertirse en una celebridad? Guardó silencio.


Aunque sería más exacto decir que, además de quedarse callado para no tener que hablar de su vergonzosa conducta, llamó a los proletarios a callarse también, afirmando que “la memoria proletaria es sólo la memoria de la alienación pasada: la transición comunista es la ausencia de memoria”. En el preciso instante en que escribió eso, Negri se convirtió en un colaborador de la policía. Pero no se quedó ahí. Al mismo tiempo que llamaba a los explotados a olvidar su propia lucha, Toni el Memorioso aprovechaba la tranquilidad de la prisión para estudiar la historia del pensamiento político moderno. No intentó ningún balance de la desesperada lucha que se libraba en las calles y fábricas, ninguna explicación de la derrota, ninguna propuesta para reconstruir el movimiento obrero. Pero ¿qué más se podía esperar? Toni Negri no es un militante revolucionario ni un estratega de la lucha comunista; es un pensador a sueldo, un metafísico y un oportunista: un títere. Por eso no aportó ningún análisis concreto sobre el desarrollo de la lucha de clases, ni sobre una estrategia de combate internacional de los explotados: en lugar de eso Negri se pasó la década del 80 especulando sobre “poder constituyente”, “multitud”, y “subjetividad radical”; tratando de combinar teoría revolucionaria con teoría contrarrevolucionaria, comunismo con posmodernismo, fuego con agua… ¿Cómo se le pudo ocurrir a nuestro Profesor esa estúpida amalgama?


Cuando la lucha proletaria iba en ascenso, Negri describió el capitalismo como una dominación política sobre el proceso de producción en el lugar de trabajo, y las ocupaciones y huelgas como combates directos contra el régimen salarial y la propiedad (todo eso era marxismo para escolares). Más tarde Toni se dio cuenta de que el dominio capitalista se extendía más allá del lugar de trabajo, sobre todos los aspectos de la vida cotidiana, cosa que los situacionistas habían comprendido antes y mejor que él. Entonces vino la derrota, y Negri, que no había hecho ninguna contribución real al movimiento, decidió que los culpables del fracaso eran los propios obreros, quienes al luchar por salarios más altos y por el control de la producción se habrían hecho “cómplices de la estafa capitalista”. Marx nunca idealizó a los asalariados; sólo dijo que eran la principal fuerza revolucionaria porque al estar ubicados en la base de la producción capitalista, podían hacerla saltar en pedazos si convertían su lucha económica en una lucha política para tomarse el poder. Ese fue el salto que los trabajadores no dieron en Italia y el resto del mundo en la crisis de los 70, y esa debilidad es lo que había que explicar para superarla en los próximos combates.


Pero eso era demasiado para el Profesor Negri. Su solución fue mucho más simple: despreció a los proletarios asalariados que antes amaba (los llamó “obreros masa”) y se enamoraró de los proletarios no asalariados: estudiantes, desempleados, precarios (los “obreros sociales”), descritos ahora como el “nuevo sujeto autónomo”, la fuerza motriz de la revolución, la “multitud”. El problema de su “teoría” es que no da ninguna orientación sobre cómo organizar la lucha de ese proletariado difuso, ni contra qué dirigirla, ni con qué fin preciso. Mientras la lucha de los trabajadores amenaza directamente la base productiva del capital, la lucha de la “multitud” se reduce a elegir entre diversos estilos de vida dentro de la sociedad actual, disolviéndose en una multiplicidad de resistencias superficiales, estéticas y simbólicas, sin finalidad ni estrategia común, y por lo tanto inofensivas para el orden capitalista. Estas “resistencias autónomas” teorizadas por Negri equivalen a la “microfísica del poder” de Foucault, pero en lenguaje marxista.


La admiración de la burguesía hacia ambos personajes no es ninguna coincidencia: Foucault criticó al marxismo diciendo que la lucha de clases era un asunto del pasado y que sólo hay microrrelaciones de poder, localizadas y dispersas, que sólo pueden ser contestadas con microprácticas de resistencia local, etc. Negri por su lado afirmó que el propio Marx había definido la lucha de clases como un asunto de pequeñas resistencias dispersas, descentralizadas y locales, y que las grandes ideas sobre la lucha de clases no habían sido más que un malentendido. Más allá de lo imbéciles que sean esas afirmaciones, lo cierto es que a mediados de los 80 los millonarios de todo el mundo necesitaban escuchar cosas así: suaves, pequeñas y tranquilizadoras, porque todavía temblaban de miedo a causa de los últimos enfrentamientos de clase. Por eso no dudaron en financiar los libros, revistas, cátedras y viajes que quisiera hacer el distinguido Profesor Negri, con tal de que siguiera produciendo su chatarra ideológica. Tal coincidencia de intereses entre el filósofo y los inversionistas le fue dando forma al autonomismo de Negri: una vulgar mezcla de retórica marxista, palabrería posmoderna y misticismo barato.


En otras palabras: la fraseología radical de Negri esconde su servilismo a los intereses del capital. Ya a principios de los 80 su afinidad con Foucault se daba en un momento en que éste defendía el uso de drogas como una forma de “resistencia al poder”, mientras todos los Estados fomentaban el consumo de narcóticos para liquidar al proletariado insurrecto. Más tarde, en su libro Imperio, Negri dijo que el aislamiento entre las diversas luchas y la ausencia de estructuras organizativas es la mayor fuerza de los trabajadores, cuando en realidad esas limitaciones los han llevado una y otra vez a las más sangrientas derrotas. Asimismo, al decir que la lucha de clases ha sido superada por una realidad “híbrida, plural, flexible, multicultural”, Negri insinúa que la sociedad ha ido más allá del capitalismo, que las clases en pugna se han fundido en una “multitud deseante” y que el enemigo está “en todas partes y en ninguna”, lo cual no significa nada. Cuando describe al “Imperio” y a la “multitud”, el Profesor Negri celebra las debilidades del proletariado y las fortalezas del capital, y ni siquiera en eso es original, porque sólo repite los viejos temas del liberalismo burgués: hace desaparecer a la clase trabajadora en una masa amorfa de sujetos singulares con intereses autónomos; reduce la lucha social a un agregado caótico de resistencias localizadas; niega la posibilidad de destruir violentamente las estructuras capitalistas; reemplaza toda consideración estratégica del enfrentamiento social con ideas metafísicas sobre la singularidad del individuo, la potencia infinita de la voluntad, la omnipresencia del poder, etc. Negri es un idealista demócrata.


¿Por qué Negri es constantemente invitado a conferenciar en Foros Sociales “alternativos” y en universidades progresistas? Porque su palabrería confusa y vacía sirve al izquierdismo burgués en su lucha ideológica contra las masas. Así, por ejemplo, cuando en el 2002, en medio de una violenta crisis, el problema central del proletariado argentino era unificar su lucha en un sentido claramente anticapitalista, Negri dijo que “lo importante es discutir las formas de gestión colectivas, toda la atención está sobre las formas de gestión”. Consecuente con esta visión cretina, en su libroImperio Negri afirma que el objetivo de los oprimidos no es resistir a los procesos de la mundialización mercantil, sino “reorganizarlos y redirigirlos hacia nuevos fines”. Pero dichos procesos, que surgen del modo de producción capitalista, inevitablemente fortalecen a las clases dominantes y debilitan al proletariado, y es imposible “reorganizarlos” en torno a “nuevas formas de gestión”.


Negri, al reducir la lucha a un problema de “formas de gestión”, está afirmando que la lucha proletaria no debe superar el nivel económico ni plantearse la superación del capitalismo como objetivo político general. Ese énfasis en las formas inmediatas en desmedro del contenido histórico de la lucha es la negación absoluta de lo que han afirmado siempre los comunistas revolucionarios. Negri está llamando a los trabajadores a resignarse. Y para hacernos tragar su mierda reformista, quiere convencernos de que no estamos determinados por la esclavitud asalariada y la producción de mercancías, sino por la “producción de lenguajes y de subjetividad” en un mundo de “trabajo inmaterial”. ¿Esclavos asalariados? Nada de eso. Según el Profesor Negri, debemos reconocernos como una “multitud” que lucha no para destruir el actual modo de producción, sino para expresar su subjetividad y para autogestionar las relaciones capitalistas. Los piquetes, ocupaciones y asambleas están bien para él, siempre que no pasen de la autogestión de lo existente, siempre que no superen los límites del buen entendimiento democrático y civilizado, donde los capitalistas siempre ganan.


¡Pobre Toni, no puede soportar la visión de las terribles luchas que se avecinan! Para conjurar esa pesadilla, visitó a los piqueteros argentinos y pocas horas después a los políticos que ordenaron la brutal represión contra ellos, ¡y a todos los felicitó por su desempeño! ¡Negri, pobre desgraciado! Con su sonrisa helada llamó a los proletarios argentinos a luchar de forma pacífica al mismo tiempo que brindaba con los burócratas que recién habían ordenado disparar contra ellos. Así es Toni Negri, esa basura contratada para confundir y desarmar a los explotados: amigo de piqueteros, asambleístas, empresarios y policías. Por eso el New York Times, bastión mundial de la propaganda burguesa, describió su libro Imperio como “la próxima Gran Idea”; por eso el best-seller fue publicado por la universidad de Harvard, semillero de ideólogos liberales, y por eso la reaccionaria revista Time lo calificó como “el libro inteligente del momento”. Por eso cuando Negri fue a conferenciar a la fábrica ocupada Grissinópolis en Argentina, ningún obrero quiso escucharlo y tuvo que parlotear frente a un pusilánime auditorio de reporteros, académicos y activistas pagados. Por eso las muertes de violadores y asesinos con uniforme europeo en Irak le hacen llorar. Y por eso, porque es un apagafuegos de la lucha de clases, está hoy día en Chile.


En Chile los patrones de izquierda y de derecha temen que los explotados volvamos a levantarnos. Saben que cuando llegue nuestra hora haremos mucho más que gritar “que se vayan todos”. Por eso la izquierda burguesa trae a Negri para atontarnos con sus mentiras. Igual que en 1973, nos tienen miedo y quieren mantenernos sometidos. Hoy día usan contra nosotros la basura ideológica de Toni Negri, pero cuando eso ya no sirva van a usar balas de plomo… Por todo esto, hombres y mujeres del proletariado: ¡Basta de rumiar ideologías adormecedoras! ¡Hay que prepararse para combatir!.


(Texto encontrado en http://elistas.egrupos.net/lista/marxismo/archivo/indice/3208/msg/3215/)




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Crítica del movimiento estudiantil

Video-panfleto creado por el grupo contra la universidad La Miseria.


video-panfleto "critica del movimiento… por la-miseria

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Populismo histérico y Ventajas de la comunidad

La semana pasada era peligroso hacer, en el lugar de trabajo, cualquier crítica al sistema social imperante; pero hoy día está bien visto hablar contra el lucro en la educación, y por qué no, criticar dos o tres cosas más que impiden a todos los ciudadanos participar plenamente de las bondades del sistema.

Así, ése que ayer trabajaba pensando en fútbol para impedirse a sí mismo pensar en la pérdida de su vida, hoy dispone de nuevos temas – el plebiscito, la nacionalización del cobre, la próxima caída del gobierno - para conjurar la misma pesadilla. Equipado con esas novedades – que ahora sí le piden una participación más activa e incluso algún riesgo – , puede seguir existiendo como agente económico privado, reanimado por el espectáculo de la política que se sacude al ritmo de la crisis de reproducción social del capitalismo planetario.

La verdad es que, aquél que súbitamente se volvió progresista, o recordó que siempre lo había sido, seguirá estando despojado de su propia vida, convertido en una partícula de valor empleada en la producción de valores que nunca poseerá, aislado en medio de una muchedumbre de empleados contratados y despedidos de a uno. Seguirá siendo un asalariado, es decir un ser deshumanizado. Sólo que ahora será un asalariado de izquierda.

Ahora bien, en el caso del vecino esa actitud ingenuamente oportunista es un reflejo de pura desesperación. Puede verse como la reverberación discursiva de una necesidad vital que en lo inmediato es indiscutible: hay que conseguir que la educación sea gratuita para que a lo mejor los hijos no se hundan en la miseria material, para que a lo mejor el sueldo alcance para vivir con dignidad, para que así, quizás, algún día no tengamos que pagar para que los médicos martiricen nuestros cuerpos en inhumanos recintos sanitarios… gratuitos.

El izquierdismo en tanto ideología organizada, es otra cosa: es la afirmación, nada ingenua, de que el modo de producción dominante no puede ni debe ser puesto en tela de juicio sino hasta que se haya desarrollado plenamente. Éste es el axioma que compromete en el mismo proyecto progresista a demócratas radicales, ciudadanistas y algunos ultraizquierdistas. Si a ellos se les pregunta por qué en su discurso no tiene cabida la crítica del trabajo asalariado, de la producción de mercancías, del valor; en una palabra, la crítica del capital, dirán sencillamente que comprenden muy bien esas críticas, pero que aún no es tiempo de hacerlas públicas, que es inútil tratar de hacérsela entender a la gente común. Y ante la lógica pregunta de ¿qué falta para que llegue el momento de difundir esa crítica?, responderán: Chile no ha tenido aún su revolución burguesa, no “tenemos” una verdadera burguesía moderna, ni un Estado legítimo y eficiente, ni un genuino Capital Industrial Nacional, ni ingenieros, ni Educación,  ni una elevada Cultura que nos permita pensar siquiera en una crítica del capitalismo… Y esa es la verdadera naturaleza del izquierdismo, que en Chile al igual que en Venezuela y en todas partes, no puede sino echar mano al populismo histérico, el forcejeo político y la reivindicación económica patriotera para ordenar a las masas tras la bandera de su “proyecto-país”.

En efecto, esos grandes objetivos siempre sirven, cuando ya no sirven las telenovelas, para obstaculizar la toma de consciencia de los explotados acerca de su verdadero, inmediato y universal problema: la forma alienada de sus relaciones humanas, la transformación de su actividad psicofísica en mercancía transable en el mercado de trabajo, la propiedad privada de los recursos productivos. Sólo para eso existen los “problemas nacionales” y todos sus derivados, de izquierda y de derecha: para impedir que los hombres y mujeres subviertan la forma deshumanizada de su actividad diaria, en su lugar de trabajo principalmente. Para que no cuestionen la educación en tanto domesticación de masas, ni el trabajo como sumisión a una objetividad alienada: sino que en cambio se contenten con criticar la injusta administración de esas entidades supuestas naturales, idílicas y dignificantes.

Se centran todos los ataques en el gobierno, en la derecha, en la constitución “ilegítima” (¿sería más legítima si la hubieran votado en condiciones más transparentes unos cuantos millones de hombres y mujeres atomizados?), en la desigual distribución de capital, en la falta de democracia y de ciudadanía… para amordazar a los explotados en su limitada condición de ciudadanos, condición que consagra y hace parecer como algo natural su debilidad y su aislamiento.

Por el contrario, sólo puede haber transformación radical de la sociedad a partir de nuevas relaciones materiales entre los hombres y mujeres, y eso sólo puede ocurrir si cambia el uso que hacen de su actividad y de su tiempo. Que eso les lleve a pasar por encima del derecho de propiedad de la clase explotadora, es una mera consecuencia que conducirá desde luego a un enfrentamiento armado, y al desmantelamiento del estado. Pero ésos son efectos de un movimiento anterior, cuya premisa es otra, más profunda: ningún cambio significativo sobrevendrá porque sean distribuidos gratuitamente los frutos del trabajo enajenado (por más que en lo inmediato la gratuidad de la educación, la salud y lo demás suponga ventajas dinerarias para unos seres totalmente despojados de comunidad); es la actividad humana misma la que debe fluir libremente sin intermediación del dinero.

Una vez que se haya asumido esto, las categorías de la actividad social que hoy dominan el horizonte y las reivindicaciones – salario, distribución del ingreso, educación, salud – se revelarán como lo que realmente son: medios para nuestra reproducción como masa trabajadora esclava. Medios que deben ser superados.

A propósito de estas cuestiones, dos lecturas sugeridas:

Rober Kurz – Populismo histérico

Wilhelm Weitling – Ventajas de la comunidad


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Homenajes ante el fallecimiento del compañero Emilio Madrid Esposito

A través de la página Web de la publicación internacional Controverses, me he enterado del lamentable fallecimiento del animador, traductor y editor del proyecto editorial,  asentado en Barcelona, Ediciones Espartaco Internacional. Con Emilio Madrid me comunique entre el 2008 y el 2009, en principio interesado por el importantísimo material bibliográfico que tradujo y publico en castellano. Siempre fue muy atento ante las preguntas, comentarios y sugerencias, y si alguna vez tardo en responder, fue su enfermedad a la vista, de la que más de alguna vez me comento, la que obstaculizo su inagotable pasión por la emancipación del proletariado y la difusión del internacionalismo, el marxismo y la crítica de toda ideología extraña al proyecto revolucionario esbozado por Marx.

No cabe duda de que el proyecto editorial impulsado por Emilio, significo para muchos militantes e interesados por la lucha contra el capitalismo y la perspectiva comunista internacionalista (debo ser redundante para marcar diferencias con el oxímoron que expresa  los llamados “partidos comunistas de…”), una fuente imprescindible de material clarificador y orientador, tanto en el plano programático como en el de la documentación histórica. Material que se encontraba en otros idiomas, básicamente el francés, gracias al esfuerzo y paciencia de Emilio pudimos leerlo en castellano, además de estar accesible en su totalidad en la página Web de su  iniciativa editorial.

La mayoría de los textos que Emilio tradujo, están vinculados al proyecto editorial francés Spartacus, cuyo espectro bibliográfico pasa por el anarco sindicalismo, la izquierda comunista, especialmente la del comunismo de consejos y, en gran medida, la divulgación de documentos críticos de la revolución rusa. A continuación dejo unos textos que se encuentran en la versión en español de Controverses,  proyecto en el que Emilio colaboró de forma entusiasta.

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Homenajes a nuestro compañero Emilio Madrid Esposito
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Nuestro apreciado compañero Emilio Madrid Esposito falleció el miércoles 3 de agosto en el hospital de Reus (Tarragona) hacia las siete de la mañana. Era el fundador e incansable animador de las Ediciones Espartaco Internacional. El funeral tuvo lugar el 4 de agosto y varios compañeros le rindieron un último homenaje:
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Homenaje de sus compañeros de Barcelona
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Emilio, desde su innata modestia y desde sus escasos recursos económicos, hizo una magnífica labor editorial, que puso al alcance del lector en lengua española, una serie de títulos indispensables para la historia del movimiento obrero revolucionario: Herman Gorter, Antón Pannekoek, Karl Korsch, Guy Sabatier, Gilles Dauvé, Ida Mett y tantos otros. Tradujo y publicó los textos fundamentales de la izquierda comunista germano-holandesa y de la historia de los consejos obreros de Alemania, absolutamente desconocidos en lengua española.
Era conocido y proverbial su dominio de los clásicos marxistas, que no sólo citaba adecuadamente, sino que le permitían analizar y criticar, con un profundo conocimiento, fenómenos como el nacionalismo y el estalinismo. Cuando Emilio hablaba, los demás escuchaban y reflexionaban. Emilio también luchaba en la calle, pues sabía que sin el combate en las empresas y en la calle no sería posible derribar el viejo mundo. Guardamos en las retinas la imagen de Emilio, el 1 de Mayo del 2007, cuando se manifestaba con nosotros por las calles de Barcelona, para recordar a los proletarios asesinados por el estalinismo en Mayo de 1937.
Deja una herencia combativa a las jóvenes generaciones, que podrán aprender mucho con la lectura de sus publicaciones. En la madrugada del miércoles, 3 de agosto de 2011, en el Hospital San Juan de Reus, se nos ha ido un compañero, un camarada, un amigo. Nos alienta con el trabajo ya hecho, nos espolea con su ejemplo y, sobre todo, seguiremos compartiendo con él su pasión por cambiar el mundo.
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Homenaje de Guy Sabatier, París
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¡Que nadie se equivoque! Veinte años después del hundimiento de la URSS, un encarnizado adversario del estalinismo acaba de abandonarnos. Emilio conocía perfectamente el papel contrarrevolucionario que había jugado esta ideología desde la Revolución de Octubre, en Alemania… luego en España en 1936-1937. Se había concedido los medios, mediante su pensión de retiro, para denunciarla implacablemente a los ojos del proletariado mundial. Así fue como publicó en Ediciones Espartaco Internacional el libro de Agustín Guillamón “Barricadas en Barcelona”, que tradujo Eulogio Fernández al francés, y que apareció en los Cuadernos Spartacus de París.
¡Qué fuerza de carácter! Emilio creía en sus capacidades de convicción, que puso al servicio de una obra individual y colectiva: ¡la de todos los autores que se atrevió a publicar, totalmente desconocidos en España! Deja una herencia revolucionaria y es por esto que las jóvenes generaciones podrán aprender mucho con la lectura de sus publicaciones.
Un obrero comunista internacionalista, que manejaba perfectamente la lengua francesa, se nos ha ido en la madrugada del miércoles, 3 de agosto de 2001, en el Hospital San Juan de Reus. Pensaremos en él frecuentemente, con la perspectiva de la Humanidad preparada para cambiar el mundo desde el marxismo.
Permanecerá firme en mi espíritu.
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Testimonio de C.Mcl – Controversias
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A finales del mes de diciembre del 2009, nuestro camarada Guy me presentó personalmente a Emilio Madrid, al que conocía desde hacía mucho tiempo. Ya en nuestros primeros intercambios de e-mails pude apreciar su amabilidad, la claridad de sus planteamientos políticos y el entusiasmo con el que se dedicaba al proyecto de Controversias con el que se identificaba plenamente.
En poco menos de dos años de estrecha colaboración, y a pesar de su edad, tradujo una gran cantidad de artículos nuestros en español, escribió dos contribuciones para nuestra revista y varias notas críticas. Asimismo tradujo y publicó una obra sobre la izquierda rusa de uno de nuestros colaboradores. Y participó muy activamente en la organización práctica y en el éxito de dos debates públicos que organizamos en Barcelona el 10 de abril del 2010 y el 2 de abril del 2011.
Con motivo del primero de estos debates tuve la suerte de conocer personalmente a Emilio. Aprecié su sencillez y su entrega sin tapujos al combate de la clase obrera. Obrero sin más, consolidó sus convicciones políticas viviendo el día a día del mundo laboral y a través de sus lecturas de autodidacta. Sus conocimientos históricos y políticos eran impresionantes y sabía utilizarlos perfectamente para fundamentar sus convicciones y apoyar su argumentación. También pude ver cómo difundía las posiciones revolucionarias en lengua española trabajando incansablemente en la traducción y la publicación de las obras de la Gauche Communiste en la editorial que fundó y a la que dedicaba sus modestos ahorros: Ediciones Espartaco Internacional.
Desgraciadamente nuestros intercambios y su participación en nuestras actividades disminuyeron, ya que Emilio perdió paulatinamente la vista, y porque su estado de salud se degradó de forma repentina a finales del mes de abril del 2011. Si bien nos informaba de la evolución de su estado de salud en sus últimos mensajes, le preocupaba mucho su contribución a nuestro trabajo: la relación de las ventas de Controversias en las librerías de Barcelona, el no tener las fuerzas suficientes para implicarse en el movimiento de los Indignados, el no poder continuar traduciendo nuestro material político. En un arranque de optimismo, aún vislumbró la posibilidad de traducir dos obras escritas por nuestros colaboradores, y que él consideraba obras importantísimas.
He perdido a un compañero de lucha y a un amigo, pero nunca olvidaré nuestros encuentros, y su energía, que eran siempre un llamamiento a continuar el combate. Emilio era así, una incitación permanente a proseguir la lucha de emancipación a la que dedicó toda su existencia. Mis pensamientos para todos los suyos y los que le han apoyado en estos momentos de dolor.
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A la memoria de Emilio… – Guy Sabatier
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NUESTRO CAMARADA EMILIO MADRID EXPOSITO FALLECIÓ A PRINCIPIOS DEL MES DE AGOSTO 2011 : FUE UN OBRERO COMUNISTA INTERNACIONALISTA, LLENO DE ENERGÍA Y TOTALMENTE ENTREGADO A LA CAUSA COLECTIVA DEL PROLETARIADO.
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Veinte años después del hundimiento de la URSS (1991-2011), un adversario irreductible del stalinismo, y más globalmente de la ideología marxista-leninista (Estado chino comprendido) y del sistema capitalista a nivel de su mercado mundial, acaba de fallecer, desgraciadamente. Lo acabábamos de ver personalmente, plenamente consciente, a principios del mes de abril de este año, en una reunión-debate que tuvo lugar en Barcelona en torno a las posiciones internacionalistas de G. Munis. Ayudó materialmente a los camaradas del Foro para la Izquierda Comunista Internacionalista (publicaciones Controversias) a organizar lo mejor posible el debate con los camaradas que, entre otras cosas, están editando las Obras Completas del revolucionario que denunció la traición del trotskismo y de la IV Internacional durante la Segunda Guerra Mundial. Posteriormente Munis fundó el grupo Fomento Obrero Revolucionario con el poeta surrealista Benjamin Péret. No nos podíamos imaginar entonces que no volveríamos a ver a Emilio, pues en tan sólo cuatro meses (abril-julio) una terrible enfermedad pudo con él.
Desde finales de los años 90, Emilio se había erigido en un crítico despiadado de las consecuencias nefastas de la revolución de octubre de 1917, llevada a cabo en Rusia por el partido bolchevique y su dirigente Lenin, con influencias contrarrevolucionarias en el mundo entero (la política del Komintern). Asimismo, incluso de cuerpo presente, en un hospital de Reus (cerca de Tarragona), a finales de julio, preguntaba reiteradamente a sus compañeros de Barcelona cuándo las ediciones Smolny (de Tolosa-Francia) iban a sacar el libro sobre los cuatro números de la revista Kommounist publicados por la fracción de los Comunistas de Izquierda en 1918, tras el episodio de la paz separada del tratado de Brest-Litovsk (firmada el 3 de marzo). Sediento de nuevas traducciones, saltaba de impaciencia esperando poder difundir en castellano, en el marco de las Ediciones Espartaco Internacional (que había fundado en Barcelona), una obra que le parecía fundamental para el conocimiento del proceso revolucionario. Pues la existencia de esta fracción del partido bolchevique que se opuso a Lenin (Bujarín, Ossinski, Radek, Smirnov…) sobre la cuestión del capitalismo de Estado y sobre todas las medidas económicas (aplicación del sistema Taylor, etc.) le parecían una clave de comprensión vital para descubrir, más allá de Brest-Litovsk, los orígenes de la contrarrevolución.
Originario de la ciudad andaluza de Granada, nuestro amigo, durante más de setenta años, siempre había llevado una vida sana, sin abusos de ningún tipo : en su casa, en un piso pequeño de las afueras de Barcelona, alejado del centro de la ciudad, lo que había era mucha fruta y agua. Muy pocas veces íbamos a comer platos cocinados, o con muchas especies, en restaurantes populares de su barrio. Hasta que sus ojos enfermaran se dedicaba a leer, a traducir o a escribir en los dos idiomas latinos que dominaba. La televisión, a penas si la miraba. ¡Y vaya por donde, sucumbe a un cáncer fulminante de hígado tras haber perdido prácticamente la vista ! Para intentar restablecer el buen funcionamiento de sus ojos, indispensables para sus actividades intelectuales (él, el obrero inmigrado autodidacta) no dudó en consultar una gran clínica especialista, conocida en Cataluña y en el mundo entero. Emilio no era de los que se dejan llevar por una actitud derrotista. Pero en vano, la muerte despiadada no le dejó.
Antes de volver a España, nuestro compañero había sido un trabajador inmigrante durante una parte de su vida, en particular en Francia, donde pudo adquirir un muy buen manejo de la lengua de Jules Vallès, de los ‘communards’ y de los obreros revolucionarios que lucharon contra los partidos y sindicatos durante el movimiento proletario de mayo-junio 1968. Durante un tiempo, aislado, adhirió al Partido Comunista Internacional (El Proletario), filial bordiguista, sectaria, de la Izquierda Italiana (Amadeo Bordiga, el jefe carismático de Nápoles, murió en 1970). Tras esta experiencia, se asqueó del leninismo, de la concepción monolítica del partido y de la pretendida ‘Invariance’ (invarianza) de la teoría marxista después del Manifiesto Comunista de 1848. Se salió de este atolladero, decidido a regenerarse mediante otros planteamientos más fecundos del marxismo.
Por diferentes medios, Emilio entró, poco a poco, en contacto con los Cahiers Spartacus, animados en París por un colectivo de varios militantes tras el fallecimiento de su fundador, René Lefeuvre (1988), uno de los primeros editores de las obras de Rosa Luxemburgo, en Francia, en los años 1930. Establecido en Barcelona, con el dinero de su pensión de jubilado, y por ende de forma totalmente independiente, concibió entonces la creación de una editorial que él dirigiría según sus propios criterios. Se ponía así en marcha el viejo sueño de la AIT : « La emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores » (Primer artículo de los estatutos, 1864). Paulatinamente orientó sus publicaciones hacia los textos de la Izquierda Alemana y Holandesa (Anton Pannekoek, Herman Gorter…) que le parecían más radicales que la Izquierda Italiana en su crítica del bolchevismo : véase la Respuesta a Lenin de Gorter, representante del K.A.P.D., al texto defendido por el jefe de la III Internacional, en 1921, contra las tácticas de las Izquierdas : El Izquierdismo o la enfermedad infantil del Comunismo, que preconizaban el antiparlamentarismo, el antisindicalismo y rechazaban las luchas de liberación nacional. Traduciendo al principio las publicaciones que aparecen en el catálogo de las Editions Spartacus, poco a poco se fue tomando ciertas libertades para constituir la arquitectura de sus propios volúmenes. Cuando le conocí, fue para mí una inmensa alegría, después de los primeros contactos que habíamos tenido tras la muerte del caudillo Franco en 1975 : los Colectivos Obreros Autónomos de Madrid que estuvieron en contacto con el grupo Pour une Intervention Communiste, revista Jeune Taupe (1978-1988) a través de nuestra correspondencia regular con el camarada Adolfo Fernández Barroso, y también los intercambios frecuentes con el Colectivo Etcetera – Correspondencia de la Guerra Social de Barcelona (Quim, Carlos…) que sigue publicando una revista bianual en castellano.
De acuerdo con mi análisis sobre las premisas de la degeneración de la revolución de Octubre, me dijo que le gustaría traducir mi libro editado en 1977 en los Cahiers Spartacus : Traité de Brest-Litovsk 1918, coup d’arrêt à la révolution. Decidimos añadir la traducción de una nota final publicada posteriormente en el volumen : Sur les Socialistes-Révolutionnaires de Gauche. Durante esta primera visita, me acogió en su casa : tuvimos largas conversaciones durante toda una semana. En uno de los paseos por Barcelona me presentó a dos exiliados cubanos del régimen castrista. Roberto, el padre (fallecido desde entonces sin haber podido volver a Cuba), había sido un opositor activo y consideraba a Fidel Castro como una especie de dinosaurio producido por el sedicente socialismo, que aún pervive en nuestros días. Emilio estaba de acuerdo con él y criticaba al ‘líder máximo’ (caudillismo, tercermundismo, ideología de la guerrilla…).
Emilio defendía posiciones intransigentes sobre la cuestión nacional y el problema lingüístico. Escribió un libro excelente titulado Los nacionalismos contra el proletariado, una parte del cual fue traducida al francés y publicada en el nº 3 de la revista Controverses en 2010. Sus argumentos se inspiraban de los de Marx y Engels tras las revoluciones de 1848. Era muy crítico con el catalanismo, y su ideología nacionalista frente a la unidad lingüística que había forjado el castellano en el transcurso de la historia de España. Durante estos dos últimos años, tradujo y escribió artículos para la revista Controverses en francés, publicación del Foro para la Izquierda Comunista Internacionalista con el que mantenía relaciones teóricas y prácticas. Animó también la edición de los dos números de la revista Controversias en castellano. También ayudó al Foro en la organización de dos reuniones públicas en Barcelona, la última, la del mes de abril 2011 con los compañeros que se ocupan del legado histórico y político de Munis. No nos imaginábamos entonces que la muerte le acechaba de forma tan brutal ; ¡es un auténtico drama! En cada ocasión se entregaba a fondo para recibirnos a nuestra llegada, alojarnos en su casa y ocuparse del lugar de la reunión. Desgraciadamente no tuvo tiempo de visionar el documental titulado http://www.munis.es/?page_id=629.
Uno de sus mayores aciertos fue la publicación en castellano del libro del compañero Agustín Guillamón en sus editorial : Barricadas en Barcelona, que trata del periodo entre julio de 1936 y mayo de 1937, en el que se distinguieron, frente a la bancarrota de los anarcosindicalistas de la CNT-FAI reprimidos por el estalinismo, la oposición revolucionaria de Los Amigos de Durruti y la de los Bolcheviques-Leninistas, que publicaba La Voz Leninista (Munis era uno de sus representantes). Este libro lo tradujo al francés el compañero Eulogio y lo editaron los Cahiers Spartacus de París. Como ya lo hemos mencionado, no pudo realizar el proyecto Kommunist que tanto le interesaba. Sin embargo, su último trabajo está relacionado, una vez más, con la crítica del partido bolchevique, ya que tradujo y publicó el libro de Michel Oliver que se convirtió en su último trabajo de editor : La izquierda bolchevique y el poder obrero 1919-1927. Los Centralistas democráticos y la Oposición Obrera, que trata de unas fracciones anteriores a la de la corriente trotskista.
Guardaremos en el recuerdo de su profunda rectitud a la hora de estudiar los acontecimientos históricos. Gracias a sus esfuerzos militantes, las jóvenes generaciones proletarias y revolucionarias podrán tener acceso a textos marxistas, casi siempre desconocidos en lengua castellana, por culpa del peso de la contrarrevolución, que triunfó y se expandió a partir de los acontecimientos de Mayo 37 en Barcelona. Gracias a él las jóvenes generaciones entenderán mejor la terrible complicidad entre el franquismo y el estalinismo (el PSUC en Cataluña) que asfixió el movimiento revolucionario y preparó la encerrona de la Segunda Guerra Mundial. Más allá de este primer homenaje, tendremos que catalogar, clasificar, desenterrar, explicar, etc., lo que globalmente aportó Emilio a la historia de su, de nuestra clase proletaria. En sus archivos, hallaremos, sin duda alguna, cartas de mucho interés. Estuvo en relación con autores contemporáneos como Claude Bitot o Gilles Dauvé, etc.
En el tanatorio de Reus, el jueves 4 de agosto 2011, hacia las 12h y 30, tuvo lugar una ceremonia, al día siguiente de la muerte de Emilio. Varios compañeros de Barcelona estuvieron presentes y, con el acuerdo de la familia, pudieron leer tres textos políticos como homenaje al difunto, cuyo cuerpo fue incinerado acto seguido.
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Guy Sabatier, viernes 5 de agosto 2011.
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(Extraído del blog Praxis Digital)
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